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Bitacora - Entradas de lorien
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20/03/2007
EL TIEMPO RECUPERADO III
Hoy en día, que pensamos en grandes desarrollos (me refiero a los urbanísticos) en las áreas periurbanas, creando de esta manera la figura de los urbanitas en territorio rural, muy distintos a los rurales o neorrurales que queremos fomentar en nuestros pueblos, tenemos que reflexionar sobre el valor de la vida en el medio rural, tal y como comentaba en el apartado anterior.
Porque una vez que aseguremos los servicios en todos los pueblos, comarcas y subregiones tal y como establece el programa marco de ordenación del territorio para Aragón, debemos fomentar el “modo de vida rural” o “rural way of life”, para que así suene más científico (no sé por qué a los nombres castellanos o aragoneses hay que rebautizarlos en inglés para hacerlos más científicos).
El modo de vida se concreta en esas pequeñas cosas que tenemos los de pueblo y que por cotidianas no les damos valor.
En este modo de vida entran muchas cosas, pero voy a distinguir cuatro:
- El valor del tiempo. En el modo de vida rural hay otra medida de tiempo, pero no por lo típico que se dice de que se aprovecha más (cuando hay que salir de viaje se aprovecha menos), sino por la forma de distribuirlo, y eso es muy importante. Entiendo que en general hay otra manera de vivir el tiempo. - El valor del vecino. Para bien o para mal, hay “VECINDAD”. Eso tiene muchísimas ventajas e inconvenientes, pero es otro tipo de relación social. - El valor del entorno paisajístico y ambiental. Saber vivir sin agredir el paisaje, ni el entorno, pero en nuestra vida diaria. En este campo hay mucho por hacer, puesto que nos llegan referencias urbanitas para problemas rurales. Hay quien piensa, como están haciendo en China, que pintando una montaña de verde se solucionan problemas de impacto ambiental. Dígase plantando dos macetas. Un caso claro de esto que digo es que año tras año, durante muchas generaciones se han intentado plantar pinos en la ladera de San Jorge, porque tenemos la herencia del “Día del Arbol” venida sobre todo de la ciudad. Pues bien, al final, y después de varios intentos, han agarrado pinos en una ladera que hasta hace 100 años no tenía ni un árbol, entre otras cosas porque eran terrenos de pastizal, y la consecuencia es que muy probablemente las raíces fastidiarán los restos arqueológicos que salen prácticamente en superficie. - El valor del entorno urbanístico. Da otra visión del mundo el urbanismo rural, tan distinto al urbano. Por eso siempre que se intentó hacer urbanismo urbano en los pueblos rurales con aspiraciones de “progreso” en los últimos decenios del anterior siglo, han tenido como consecuencia fracasos y que los pueblos dejen de ser atractivos para su desarrollo. Igualmente ahora, en otros muchos sitios se quieren hacer macrourbanizaciones en los alrededores de los pueblos so pretexto de salvar económicamente a los ayuntamientos y fomentar su desarrollo y su futuro. Se ha demostrado que no es así.
Dicho esto, debemos inmediatamente diversificar la economía rural. El mundo rural no es sinónimo de agrario. Debe compartir su economía con los sectores secundario (transformación) y terciario, incluida la comercialización, servicios técnicos, etc… Es así como se dibujará también una economía sostenible en un medio de vida propio que debe mirarse con orgullo, aceptándose en lo distinto, en lo que se es, en el recuerdo de la herencia de ser de los antepasados (que por cierto eran de orígenes muy distintos y plurales).
PD.: Boi agora a dezir bellas parabras en aragonés ta que remeremos que bi-ha atrás luengas en iste país, entre eras ista que aspreso, que ye de raso parato. Mos da muita bergoña mesmamén charrar lo castellán con azento, asina que no digo atras esprisións. No estarba de más que se fe-sen curséz ta conoxela y amostra-la |
24/01/2006
Así pues, es necesario realizar un verdadero mapa de ordenación del territorio, en el que se incluyan también razones sociales en la valoración que se realiza de la prestación de determinados servicios.
Cuando se realizan las directrices generales de ordenación del territorio, por técnicos expertos en la materia, finalmente se introducen valores eminentemente políticos. Y claro las alegaciones pertinentes se admiten en función del color político o su interés.
Pongamos un ejemplo:
En Aragón hay 6 rangos de ciudades – pueblo de cara a su asistencia:
- Zaragoza - Huesca y Teruel (como capitales de provincia) - Ciudades de rango supracomarcal: Calatayud, Barbastro, Alcañiz, Tarazona, Ejea, Jaca, Fraga y.... ¡Calamocha! - Ciudades de rango comarcal: cabeceras de comarca - Pueblos de rango subcomarcal - Resto de municipios
Naturalmente, para realizar esta clasificación no sólo se atienden criterios de tamaño – población sino también de función vertebradora del territorio.
A cada núcleo las administraciones les disponen servicios en función de su rango – centralidad. Por ejemplo, las ciudades de rango supracomarcal deberán aspirar en un futuro a contar con un hospital, un centro importante de la administración, etc....
Pero claro, eso conlleva también a la concentración de servicios, y por consiguiente, a la concentración de población.
El error ha sido no corregir los déficits evaluatorios de los municipios con dispersión asistencial.
Pongo dos ejemplos: Barbastro es de rango supracomarcal, mientras que Monzón, a 14 kms. y de más población (este año ha superado a la primera), tan sólo es cabecera comarcal. No sería normal instalar otro hospital en Monzón, pero tampoco sería lógico que todos los servicios de una cabecera supracomarcal se los llevara el primero, y más teniendo en cuenta que también a pocos kilómetros está Binéfar.
El otro ejemplo lo tenemos bien cerca: se ha clasificado a Calamocha como cabecera supracomarcal, siendo que no da ninguna de las medidas necesarias para tal fin, y teniendo en cuenta que su espacio vertebrador ha de desarrollarse a lo largo de todo el Jiloca, curiosamente coincidiendo con la antigua Comunidad de Daroca (somos la única comunidad histórica que no tiene su nombre en la comarca, Comunidad de Calatayud, Comunidad de Albarracín, Comunidad de Teruel, y nosostros ¿Campo? de Daroca), cuenta con dos cabeceras comarcales: Daroca y Monreal. Bueno, pues Daroca siendo cabecera comarcal aún se puede resguardar algo de los servicios a otorgar, y se deriva la supracomarcalidad hacia Calatayud. Monreal de esta manera pierde servicios por concentración en la cabecera.
A todo esto se dirá que se puede alegar cuando se exponen las directrices generales. Pues bien, da igual, el comportamiento de los técnicos y políticos en las alegaciones funciona también por cuestión de pactos, y si no es algo que clame al cielo no te hacen ni caso.
Y todo esto viene a cuento de los servicios que debe contar un ciudadano cuando decide instalarse en los núcleos rurales y cabeceras de comarca, que no son zona periurbana y que son capaces de atraer población.
Otro día reflexionaremos más sobre este asunto. |
01/12/2005
TIEMPO RECUPERADO (I)
En uno de los pasajes de El Principito, se pregunta: ¿Para qué quieres el tiempo ahorrado?
Esa es la cuestión. Porque tenemos la tendencia a pensar que es importante no desperdiciar el tiempo. Hemos descubierto que el tiempo tiene valor.
Viene alguien a trabajar y cobra por horas. Cobras un salario por tantas horas mensuales. Todo está medido y, como tal, no puedes perder algo que está valorado.
Pero... cuando ahorramos tiempo,.... ¿para qué lo empleamos? Sobre todo pensando que el tiempo no se puede meter en una hucha. Mayoritariamente empleamos el denominado “tiempo libre” (aclara esto que el resto del tiempo es esclavo) en hacer aquellas cosas que nos gustan, nos distraen, nos dan placer, que nos hacen disfrutar.
Pues bien, uno de los mejores indicadores de lo que se da en llamar como “calidad de vida” es saber qué proporción tenemos de tiempo libre y de tiempo esclavo, y qué hacemos en cada uno de esos tiempos, si hacemos lo que nos gusta, y si nos pagan mucho por el tiempo esclavo y pagamos poco por el tiempo libre. Ahí está la clave de la cuestión.
Esto es interesante porque las ciudades se harán atractivas por los servicios que oferten a sus ciudadanos en su tiempo libre. La oferta de tiempo esclavo es importante, porque hay que comer, pero lo que realmente importa cada día más es la calidad de los servicios que uno puede disfrutar. Evidentemente hay propuestas de ocio que no pueden clonarse en todos y cada uno de los pueblos de Aragón. Pero sí que tiene que haber una previsión, de mayor a menor núcleo, de todo esto.
Esto forma parte de lo que se da en llamar “Ordenación del territorio”, de lo que todo el mundo habla y, con razón, porque es un campo tan amplio que cabe todo.
Se está iniciando una práctica que cada día se extenderá más: el aumento de vivienda en la zona periurbana de Zaragoza – ciudad. Proceso que ya se ha vivido en otras grandes ciudades. Esta primera fase, que se está haciendo de una forma totalmente desordenada, conllevará inmediatamente un proceso de reclamaciones de servicios de los periurbanitas. Los moradores de estas urbanizaciones no son gente que quiere vivir en un pueblo, sino que son población urbana que quieren servicios urbanos en un núcleo rural. Esto planteará muchísimos problemas.
Por el contrario, hay que extender la idea de que en los “pueblos” hay que hacer vida de pueblo, y que los servicios de ocio se ajusten a la vida normal de un pueblo. Antes de eso, por supuesto, tienen que estar solventados todos los servicios básicos, especialmente sanidad, educación y bienestar social. Ese será el marchamo de calidad que hará estabilizar a la población en los núcleos medios (al menos en capitales de comarca y poblaciones un tanto grandes) e incluso en pequeños. Para esto también hay que consolidar el transporte público y las comunicaciones. De ahí se derivará la calidad de vida porque, no nos engañemos, si creamos muchos puestos de trabajo para que luego la gente vaya y venga de Zaragoza, no asentamos población. Tenemos que ser capaces de convencer de “nuestro modo de vida”. (seguirá) |
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