EL TIEMPO RECUPERADO III
Hoy en día, que pensamos en grandes desarrollos (me refiero a los urbanísticos) en las áreas periurbanas, creando de esta manera la figura de los urbanitas en territorio rural, muy distintos a los rurales o neorrurales que queremos fomentar en nuestros pueblos, tenemos que reflexionar sobre el valor de la vida en el medio rural, tal y como comentaba en el apartado anterior.
Porque una vez que aseguremos los servicios en todos los pueblos, comarcas y subregiones tal y como establece el programa marco de ordenación del territorio para Aragón, debemos fomentar el “modo de vida rural” o “rural way of life”, para que así suene más científico (no sé por qué a los nombres castellanos o aragoneses hay que rebautizarlos en inglés para hacerlos más científicos).
El modo de vida se concreta en esas pequeñas cosas que tenemos los de pueblo y que por cotidianas no les damos valor.
En este modo de vida entran muchas cosas, pero voy a distinguir cuatro:
- El valor del tiempo. En el modo de vida rural hay otra medida de tiempo, pero no por lo típico que se dice de que se aprovecha más (cuando hay que salir de viaje se aprovecha menos), sino por la forma de distribuirlo, y eso es muy importante. Entiendo que en general hay otra manera de vivir el tiempo. - El valor del vecino. Para bien o para mal, hay “VECINDAD”. Eso tiene muchísimas ventajas e inconvenientes, pero es otro tipo de relación social. - El valor del entorno paisajístico y ambiental. Saber vivir sin agredir el paisaje, ni el entorno, pero en nuestra vida diaria. En este campo hay mucho por hacer, puesto que nos llegan referencias urbanitas para problemas rurales. Hay quien piensa, como están haciendo en China, que pintando una montaña de verde se solucionan problemas de impacto ambiental. Dígase plantando dos macetas. Un caso claro de esto que digo es que año tras año, durante muchas generaciones se han intentado plantar pinos en la ladera de San Jorge, porque tenemos la herencia del “Día del Arbol” venida sobre todo de la ciudad. Pues bien, al final, y después de varios intentos, han agarrado pinos en una ladera que hasta hace 100 años no tenía ni un árbol, entre otras cosas porque eran terrenos de pastizal, y la consecuencia es que muy probablemente las raíces fastidiarán los restos arqueológicos que salen prácticamente en superficie. - El valor del entorno urbanístico. Da otra visión del mundo el urbanismo rural, tan distinto al urbano. Por eso siempre que se intentó hacer urbanismo urbano en los pueblos rurales con aspiraciones de “progreso” en los últimos decenios del anterior siglo, han tenido como consecuencia fracasos y que los pueblos dejen de ser atractivos para su desarrollo. Igualmente ahora, en otros muchos sitios se quieren hacer macrourbanizaciones en los alrededores de los pueblos so pretexto de salvar económicamente a los ayuntamientos y fomentar su desarrollo y su futuro. Se ha demostrado que no es así.
Dicho esto, debemos inmediatamente diversificar la economía rural. El mundo rural no es sinónimo de agrario. Debe compartir su economía con los sectores secundario (transformación) y terciario, incluida la comercialización, servicios técnicos, etc… Es así como se dibujará también una economía sostenible en un medio de vida propio que debe mirarse con orgullo, aceptándose en lo distinto, en lo que se es, en el recuerdo de la herencia de ser de los antepasados (que por cierto eran de orígenes muy distintos y plurales).
PD.: Boi agora a dezir bellas parabras en aragonés ta que remeremos que bi-ha atrás luengas en iste país, entre eras ista que aspreso, que ye de raso parato. Mos da muita bergoña mesmamén charrar lo castellán con azento, asina que no digo atras esprisións. No estarba de más que se fe-sen curséz ta conoxela y amostra-la |