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    <title>Entrada de  neska&#039;s</title>
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    <description>Entradas de  neska</description>
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      <title>La identidad perdida</title>
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      <description>Hoy descubrí, por casualidad, que lo que me contó mi madre de mi bisabuela era  cierto: Daroca existió hace mucho, mucho tiempo. Justo donde yo resido, bajo mis pies, se contaba, sin tener muchas referencias ciertas, que esto que hoy llamamos darnik, una especie de habitáculo-dormitorio que se utiliza para relacionarse con la propia familia, según mi madre antes eran otros tiempos a esto lo llamaban pisos o casas. Entiendo que era un dialecto ancestral, pero mirando entre las cosas que mi madre guarda en la resi (entonces llamado desván) encontré un disco en una torre muy antigua de ordenador, que perteneció a mis bisabuelos. Sin pensar que aquello cambiaría mi existencia y con la creencia de que Daroca no fue un invento del futuro, me introduje sin quererlo en la vida pasada de mis ancestros. Lo primero que me sorprendió fue la cantidad de individuos que allí se agolpaban para vivir y que ¡se comunicaban entre ellos! Eso aquí resulta curioso pues no nos vemos físicamente, nos comunicamos por pantalla y no hay contacto físico hasta la unión de dos, lo que entonces era matrimonio o algo así. Volviendo a la historia, descubrí mucho de aquella civilización pasada a través de aquel artefacto tan rústico. Entre sus archivos vi una página virtual dedicada exclusivamente a esta ciudad de Daroca,  donde se hablaba de cosas como murallas, castillos y cosas como eventos y comunicación física con los demás, ¡qué extraño! Me fui adentrando más y más y, con las fotos y comentarios que allí había, fui poco a poco entendiendo cómo se vivía en aquella época tan remota del año 2006, de cuya fecha databa  tanta información. Me adentré a estudiar cómo vivían, qué hacían y, sorprendentemente, llegué a descubrir incluso que hacían una especie de pasteles de un producto dulce llamado azúcar, que existía el vino, una especie de caldo rojo, y muchas cosas más. Como digo, sus costumbres eran muy extrañas. Por ejemplo, lo que os cuento, que se juntaban físicamente para hablar (con el peligro que ello conllevaba de transmisión de  enfermedades), ¡pobre gente! No era como ahora, que nuestro contacto es limpio y controlado, sólo se permite un contacto anual y bajo mucha verificación para que no haya agentes nocivos. En aquella época su contacto era incontrolado, lo que ellos llamaban hacer el amor para procrear. Claro, no tenían los adelantos de ahora, que sólo existe ese contacto bajo control exhaustivo y seguro y, si no es así se desecha. A lo que voy, todo eso me extrañó, incluso pensé que mi madre se lo inventaba para poder calmar mi curiosidad, pero ahí estaba la prueba de que lo que decía era cierto, había también una especie de artilugios que llamaban coches, lo que son aquí más o menos los bolins, con la diferencia de que los bolins no afectan a la atmósfera con su combustible regenerado. Pues eso, los coches iban por el suelo y haciendo un ruido enorme, claro que, según mi madre, a lo que se le llamaba casas no estaban tan insonorizadas como ahora en 2330. La gente en aquella época tenía que servir a otro para lo que ellos llamaban trabajo y ganar para vivir. Ahora eso es distinto: no se sale, se compra a través de la pantalla, todo es higiénicamente seguro. Ellos no sabían el riesgo  que corrían al salir al exterior sin protección, por eso su edad  al morir era tan temprana, apenas alcanzaban los 115 años que es lo normal ahora. Gracias a que la vida ha dado este salto tan grande en cuanto a evolución, somos capaces de guardar las células para implantar en personas no sanas, así el avance en la edad es más extenso.  Escribo esto porque me sorprende que por entonces aún no se supiera cuidar el paso del tiempo, la destrucción del medio ambiente y la conservación de sus antepasados. Pongo el ejemplo de su muralla que dicen que existió, que no fue leyenda, pero que a raíz del año 2006 dejaron que el paso del tiempo la consumiera con sus torreones, sus iglesias y demás riquezas que existían, según dicen, en esa ciudad. Ahora entiendo lo que quería decirme mi madre cuando comentaba que mi bisabuela lloraba con la caída del Castillo Mayor, el deterioro de la muralla y la deforestación de los alrededores. Quizá nunca sepamos la verdad, pero yo creo que sí existió un lugar mágico que se llamaba Daroca, que perdió su riqueza y tesoro por la dejadez de aquellas gentes, que quizá  no pensaron que a las generaciones futuras nos hubiera gustado tener ese tesoro. Ahora ya es tarde ¿no?... ojala pudiéramos dar marcha atrás e hiciéramos algo, sería estupendo recuperar la historia.Por cierto, en la torre del ordenador que encontré había también una cosa muy curiosa que no se ha perdido aquí en el futuro: la radio, y les puedo decir que sigue oyéndose un programa de aquellos tiempos, si, ¿cómo se llamaba? ... ¡ah! si, ya me acuerdo &quot;no solo sexo&quot;, aunque, por lo que se ve, pudieron hacer poco por Daroca en aquel momento.</description>
      <pubDate>Tue, 23 May 2006 17:19:21 +0100</pubDate>
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